Chomolangma, de Raquel Vázquez

"Este mundo cada vez se toma más en serio su papel de limbo"


En un ecosistema devastado, donde la adicción a la tecnología ha aniquilado la capacidad de reflexión en beneficio de un consumismo delirante, la asfixia provoca la aparición de un círculo de resistencia al que pertenecen los dos protagonistas.

La utopía y desencanto de ambos - como pareja y  como militantes - están escalonados por ciento diez citas de autores que desvían el relato hacia el ensayo. Los textos atraviesan con libertad la frontera de los géneros y reivindican una arqueología del lenguaje que rescate a las palabras del peso de la Historia a través del juego, como hicieran Huidobro o Cortázar; para reinventarnos. El lenguaje como material de construcción de un mundo nuevo, cuando no hay otro material disponible para levantarlo.

"Lo atroz ya tiene demasiados adeptos en el bando del capital

como para hacerles frente a modo de espejo".


Vázquez revisa la filosofía existencial del siglo XX y la actualiza con una mirada tecnológica que comparte con Camus el dilema de lo absurdo pero a través de una reflexión nueva que analiza el monopolio del control psicológico a través del progreso científico y el impacto que éste ocasiona en la manera de vivir de una sociedad hacia la que nos encaminamos.

"Violencia es la inversión perversa de lo público y lo privado"

"Violencia es traficar con los sueños que no van a cumplirse"

Estamos ante una distopía gris tan inmediata a nuestra realidad que a veces se hace irrespirable el humo y la falta de luz. Es un libro rebelde lleno de ansiedad que profundiza en una doble enajenación: la pérdida de nuestra humanidad frente al espejo tecnológico, y la ausencia de conexión con una naturaleza en vías de extinción.

"Ahora suena utópico recuperar una relación auténtica entre las personas"

Roger Wolfe, Siéntate y escribe. Una de las numerosas citas del libro.


La autora presenta la dicotomía entre la pasión y la razón, y cómo ambas se sustentan en paradigmas confusos y turbios. Queremos que el otro sea un yo; siempre. Incluso en la resistencia más salvaje. Nos duele comprender que amar no es pensar igual. Nos cuesta tanto establecer la distancia con el otro, que somos capaces de pasar al otro lado, alienarnos y perdernos. Y no es indispensable la tiranía tecnológica para que eso suceda, pues la llevamos de serie y arrancárnosla cuesta lo que cuesta vivir: Entender. Sufrir. Mirar. Sentir. Y al morir, llenarnos de distancia.

"Tendríamos que ser arqueólogos del lenguaje"

Por eso el lenguaje. Inventar un lenguaje es aislarse del mundo; marcar distancia. Conocer los límites es crecer en el respeto a nuestra intimidad y la del otro. El tiempo y el espacio son el recorrido que cierra la dimensión que nos separa. Este libro nos habla de la violación a la intimidad, del ruido blanco, de la masa informe de individuos sin capacidad de criterio, de la enajenación, de las drogas, de la incapacidad de hacer frente a lo que nos rodea, de huir, de luchar, de equivocarnos.

Raquel Vázquez narra esta historia de ruptura con expresión poética y temporalidad reaccionaria, casi proustiana, para afrontar "una época de prisas" con la densidad de las palabras propias, articuladas dentro de un texto de múltiples voces: un viaje filosófico a través del mapa de la asfixia global.
Crítica de Lucía Alcina en Zoom Libros




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Artículo de Lucía Alcina en Zoom Libros

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