Chesil beach, de Ian McEwan
Me han dicho alguna vez que veo finales felices donde no los hay. No sé si se referían a finales reales o de cuento. Ian McEwan no escribe en Chesil beach ningún cuento. Es un fabuloso narrador de historias, psicológicamente profundas, a través de un lenguaje ágil e inteligente sobre lo íntimo; y a la vez es un prodigio narrativo de párrafos sin puntos, que giran en microhistorias donde respiran la historia con mayúsculas, y la intrahistoria de belleza microscópica. Chesil beach es un cosmos de esas microhistorias perfectamente hiladas, que nos muestra lo que les sucede a dos jóvenes recién casados, Florence y Edward, en su noche de bodas: no es ni destino ni azar, sino una trama - o una trampa - espejo del artificio en el que nacemos y vivimos. McEwan describe el pensamiento de un hombre y una mujer en los preludios de la modernidad. Son los años sesenta y estamos entre Londres y Oxford, y los protagonistas son dos estudiantes al final de sus estudios que desean comenzar...